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domingo, 21 de julio de 2013

SAN BENITO DE NURSIA #7:GRAN ENEMIGO DEL DEMONIO PARTE VII. UNA DE LAS VIDAS MÁS EJEMPLARES DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA.

SAN BENITO DE NURSIA:GRAN ENEMIGO DEL DEMONIO PARTE VII 

 UNA DE LAS VIDAS MÁS EJEMPLARES DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA.


Pintura de San Benito Obra de Fra Angélico
PINTURA DE SAN BENITO Obra de Fra Angélico
Imagen encontrada en el dominio público
Datos sobre San Benito:

Nombre:  Benito

Fecha y lugar de Nacimiento: Nursia Italia Año 480 A.D. Siglo V. Comienzo de la edad media, 4 años después de la caída del imperio romano de occidente.

Fecha y lugar de Fallecimiento:  21 de marzo del Año 547 A.D. Siglo VI.  Monasterio de Montecassino Italia.

Representación en imágenes:  Su imagen se representa con el Libro de la Regla, una copa rota y un cuervo con un trozo de pan en el pico.

Medalla de San Benito:  Aunque no se conoce la fecha de origen de esta medalla la iglesia católica le reconoce un valor sacramental y que posee un gran poder de exorcismo.

Anverso o parte frontal de la Medalla de San Benito
ANVERSO MEDALLA SAN BENITO
Imagen encontrada en el dominio público



Reverso Medalla de San Benito con la cruz y símbolos
REVERSO DE LA MEDALLA DE SAN BENITO
Imagen encontrada en el dominio público

ORACIÓN DE EXORCISMO ASOCIADA A LA MEDALLA DE SAN BENITO

Crux Sancti Patris Benedicti
Cruz del Santo Padre Benito
Crux Sacra Sit Mihi Lux
Mi lux sea la cruz Santa,
Non Draco Sit Mihi Dux
No sea el demonio mi guía
Vade Retro Satana
¡Apártate, Satanás!
Numquam Suade Mihi Vana
No sugieras cosas vanas,
Sunt Mala Quae Libas
Pues maldad es lo que brindas
Ipse Venena Bibas
Bebe tú mismo el veneno

Benedicto XIV otorgó el 12 de marzo de 1742 indulgencia plenaria a la Medalla de San Benito si la persona cumple las siguientes condiciones:

*Realiza el Sacramento de la Reconciliación (Confesión de los pecados ante un sacerdote)
*Recibe la Eucaristía
*Ora por el Santo Padre en las grandes fiestas 
*Durante esa semana reza el Santo Rosariovisita a los enfermos, ayuda a los pobres, enseña la Fe Cristiana o participa en la Santa Misa.

Grandes Fiestas son: Navidad, Epifanía, Pascua de Resurrección, Ascensión, Pentecostés, Santísima Trinidad, Corpus Christi, Asunción de la Virgen María, Inmaculada Concepción de María, Fiesta de Todos los Santos y Fiesta de San Benito.

Quiénes lleven la Medalla de San Benito a la hora de la muerte serán protegidos siempre que se encomienden al Padre, se confiesen y reciban la Comunión o al menos invoquen el nombre de Jesús con verdadero y profundo arrepentimiento.


Extractos Vida de San Benito, según el libro de San Gregorio Magno:

CAPÍTULO XXXI
DE UN LABRIEGO MANIATADO, QUE DESATÓ CON SÓLO SU MIRADA

Un godo de nombre Zalla, era seguidor de la herejía Arriana, en tiempos del rey Totila, descargó su odio y crueldad contra los varones piadosos de la Iglesia Católica, hasta el punto de que si algún clérigo o monje se topaba con él no escapaba con vida de sus manos.  Un día, abrasado por el ardor de su avaricia y ávido de rapiña, le dio por inflingir crueles tormentos a un labriego, y a torturarle con varios suplicios.  El campesino, no soportando tales tormentos, declaró que había confiado todos sus bienes a San Benito, para que creyéndole su verdugo, diera entre tanto tregua a su tortura y ganar unas horas de vida.  Terminó Zalla de atormentar al labriego, pero le ató los brazos con gruesas cuerdas y comenzó a empujarle delante de su caballo para que le mostrara quién era el tal San Benito, que había recibido en depósito todos sus bienes.  El labriego maniatado le condujo al monasterio de San Benito, a quién encontró sentado junto a la puerta, solo y leyendo.  El labriego dijo al malvado Zalla, que iba detrás de él:  "He aquí a San Benito, de quién antes te hablé".  Zalla fijó su mirada llena de ira y ferocidad sobre San Benito, y creyendo que podía usar con él sus acostumbrados métodos de tortura, empezó a gritar fuertemente, diciéndole:  "¡Levántate, levántate! ¡Devuelve todo lo que recibiste de este labriego!".

San Benito, escuchó estos gritos, levantó sus ojos de la lectura, le miró y fijó la vista en el labriego que mantenía maniatado.  Al poner los ojos sobre los brazos del labriego, se desataron las cuerdas y con tanta rapidez que no hubiera podido desligarlos de esta forma celeridad humana alguna.  Al ver Zalla, como quedaba desatado aquel que había traído maniatado consigo, aterrado ante la fuerza de tal poder, bajó de la cabalgadura y doblando a las pies de San Benito su cerviz, se encomendó a sus oraciones.  San Benito no dejó por eso su lectura, pero llamó a los monjes y les mandó que introdujeran a Zalla en el monasterio y que le obsequiaran con algún alimento bendecido.

Cuando volvió a su presencia, le amonestó a que dejara tanta crueldad.  Y así, al retirarse aplacado, no se atrevió a pedir nada a aquel labriego, a quien San Benito había desatado sin tocarlo, con sóla la mirada. 

CAPÍTULO XXXII
DE UN MUERTO, RESUCITADO POR LA ORACIÓN DEL HOMBRE DE DIOS

Otro día, mientras San Benito había salido con sus monjes a las labores del campo, llegó al monasterio un campesino llevando en brazos el cuerpo de su hijo muerto, y estando fuera de sí por el sufrimiento, preguntó por San Benito.  Cuando se le contestó, que San Benito estaba en el campo con los monjes, dejó a la puerta del monasterio el cuerpo de su hijo muerto y trastornado por el dolor corrió a buscar a San Benito.  Pero entonces regresaba San Benito del trabajo del campo con sus monjes.  Apenas le vio el campesino, comenzó a gritar: "¡Devuélveme a mi hijo! ¡Devuélveme a mi hijo!". Al oir estas palabras San Benito se detuvo y le dijo: "¿Es que te he quitado yo a tu hijo?".  A lo que respondió el campesino:  "Ha muerto; ven y resucítale".  Al oír esto San Benito, se entristeció mucho y dijo:  "Retiraos, hermanos, retiraos, que estas cosas no son para nosotros; son propias de los santos Apóstoles. ¿Por qué queréis imponernos cargas que no podemos llevar?".  Pero el campesino, abrumado por el dolor, persistía en su demanda, jurando que no se había de ir si no resucitaba a su hijo.  Entonces San Benito preguntó: "¿Dónde está?". Él le respondió:  "Su cuerpo yace junto a la puerta del monasterio".  Llegado a la puerta San Benito con sus monjes, dobló las rodillas y se echó sobre el cuerpecito del niño, luego se levantó y alzando las manos al cielo dijo:  "Señor, no mires mis pecados, sino la fe de este hombre que pide se le resucite a su hijo, y devuelve a este cuerpecito el alma que le has quitado". Apenas había acabado de decir las palabras de esta oración, cuando volvió el alma al cuerpo del niño, estremeciéndose de tal modo, que quedó patente a los ojos de todos que aquel cuerpo se había agitado por una sacudida milagrosa.  Tomó entonces al niño de la mano y vivo y sano lo entregó a su padre.  Aquí queda de manifiesto, que no estuvo en su poder el hacer este milagro, ya que postrado en tierra pidió poder para realizarlo.

CAPÍTULO XXXIII
EL MILAGRO DE SU HERMANA ESCOLÁSTICA

Es preciso, que cuente del venerable San Benito cómo deseó algo y no pudo obtenerlo.  En efecto, una hermana suya, llamada Escolástica, consagrada a Dios todopoderoso desde su infancia, acostumbraba a visitarle una vez al año.  Para verla, San Benito descendía a una posesión del monasterio, situada no lejos de la puerta del mismo,   

Un día llegó como de costumbre y su hermano bajó donde ella, acompañado de algunos de sus discípulos.  Pasaron todo el día ocupados en la alabanza divina y en santos coloquios, y al acercarse la noche tomaron juntos la refección (El alimento de la noche).

Sentados aún en la mesa en santos coloquios, y siendo ya muy tarde, dicha religiosa hermana suya le rogó:  "Te suplico que no me dejes esta noche, para que podamos hablar hasta mañana de los goces de la vida celestial"  A lo que él  respondió: "¡Qué es lo que dices, hermana! En modo alguno puedo permanecer fuera del monasterio".  Estaba entonces el cielo tan despejado que no se veía en él ni una sola nube.  Pero la religiosa mujer, al oír la negativa de su hermano, juntó las manos sobre la mesa con los dedos entrelazados y apoyó en ellas la cabeza para orar a Dios todopoderoso.  Cuando levantó la cabeza de la mesa, unos violentos relámpagos y truenos y lluvia se formó, que San Benito ni los monjes pudieron trasponer el umbral del lugar donde estaban sentados.  En efecto, la religiosa mujer, mientras tenía la cabeza apoyada en las manos había derramado tal cantidad de lágrimas sobre la mesa, que trocaron en lluvia la serenidad del cielo.
Y no tardó en seguir a la oración la inundación del agua, sino que de tal manera fueron simultáneas la oración y la copiosa lluvia, que cuando fue a levantar la cabeza de la mesa se oyó el estallido del trueno y lo mismo fue levantarla que caer al momento la lluvia. Entonces, viendo San Benito, que en medio de tantos relámpagos y truenos y de aquella lluvia torrencial no le era posible regresar al monasterio, entristecido, empezó a quejarse diciendo:  "¡Que Dios todopoderoso te perdone, hermana! ¿Qué es lo que has hecho?".  A lo que respondió:  "Te lo supliqué y no quisiste escucharme; rogué a mi Señor y él me ha oído. Ahora sal si puedes.  Déjame y regresa al monasterio".  Pero no pudiendo salir fuera de la estancia, hubo de quedarse a la fuerza, ya que no había querido permanecer con ella de buena gana.  Y así fue cómo pasaron toda la noche en vela, saciándose mutuamente con coloquios sobre la vida espiritual.

Por eso, quiso algo que no pudo alcanzar.  Porque en el pensamiento de San Benito, no hay duda que deseaba se mantuviera el cielo despejado como cuando había bajado del monasterio, pero contra lo que deseaba se hizo el milagro, por el poder de Dios todopoderoso y gracias al corazón de esa santa mujer.  Y no es de maravillar que, en esta ocasión, aquella mujer que deseaba ver a su hermano pudiese más que él, porque según la sentencia de san Juan: Dios es amor (1Jn 4,16), y con razón pudo más la que amó más (Lc 7, 47-53).

CAPÍTULO XXXIV
CÓMO VIO SALIR EL ALMA DEL CUERPO DE SU HERMANA

Al día siguiente, la venerable mujer volvió a su morada y San Benito regresó también al monasterio.  Tres días después, estando en su celda con los ojos levantados al cielo, vio el alma de su hermana, que saliendo de su cuerpo en forma de paloma penetraba en lo más alto del cielo.  Gozándose con ella de tan alta gloria, dio gracias a Dios todopoderoso con himnos de alabanza y anunció su muerte a los monjes, a quienes envió enseguida para que trajeran su cuerpo al monasterio y lo depositaran en el sepulcro que había preparado para sí.  De esta manera, ni la tumba pudo separar los cuerpos de aquellos cuyas almas habían estado siempre unidas en el Señor.


CAPÍTULO XXXV
DEL MUNDO ENTERO REUNIDO ANTE SUS OJOS Y DEL ALMA DE GERMÁN, OBISPO DE CAPUA

En otro tiempo, Servando, diácono y abad del monasterio que Liberio, antiguo patricio, había fundado en la región de Campania, fue a visitar a San Benito, según su costumbre.  Porque frecuentaba su monasterio; y como él estaba también lleno de buena doctrina y de gracia celestial, intercambiaban dulces palabras de vida, y suspirando degustaban ya el suave alimento de la patria celestial.


Llegó la hora de entregarse al descanso, San Benito subió a su celda situado en la parte superior de una torre y el diácono Servando se quedó en la parte inferior.  Una escalera comunicaba un piso con otro.  Frente a la misma torre había una habitación amplia donde descansaban los discípulos de ambos.  San Benito, mientras los monjes dormían aún, se anticipó a la hora de las vigilias nocturnas y se quedó de pie junto a la ventana orando a Dios todopoderoso.

De pronto en aquella intempestiva hora nocturna vio difundirse una luz desde lo alto, que ahuyentó las tinieblas de la noche.  Aquella luz, en medio de la oscuridad brillaba con tanto resplandor, que su claridad superaba con creces a la luz del día.  En esta visión se siguió algo en extremo maravilloso, ya que según él mismo contó luego, apareció ante sus ojos el mundo entero, como recogido en un rayo de sol.

Y mientras San Benito fijaba sus pupilas en el resplandor de aquella luz tan brillante, vio cómo el alma de Germán, obispo de Capua, era llevada al cielo por los ángeles en una bola de fuego.  Entonces queriendo tener un testigo, llamó al diácono Servando repitiendo dos o tres veces su nombre a grandes voces.  Asustado por aquel grito, insólito en San Benito, subió y miró, pero no vio más que una pequeña centella de aquella luz.  Y como Servando quedara atónito ante un prodigio tan grande, San Benito le contó detalladamente todo lo que había sucedido.  En seguida dio aviso a Teoprobo, de la villa de Casino, para que aquella misma noche enviara un mensajero a la ciudad de Capua con el fin de informarse de cómo estaba el obispo Germán y se lo notificara. El mensajero encontró ya difunto al obispo Germán e informándose minuciosamente supo que su óbito (muerte) había ocurrido en el mismo instante en que San Benito había visto su alma subir al cielo.

NOTA: Este tema es muy interesante pero demasiado extenso, esperen pronto los siguientes capítulos los que estén interesados en conocer y seguir leyendo sobre esta vida tan ejemplar.

Secuencia 6.

Fuentes consultadas:

Libro de los diálogos de San Gregorio Magno

http://mercaba.org/FICHAS/Satan/la_medalla_de_san_benito.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Medalla_de_San_Benito

http://www.annclinlabsci.org/content/32/2/207.full.pdf


Productos relacionados con el Tema:

                 NOTA IMPORTANTE:  Las Medallas de San Benito que aparecen aquí, hagánlas bendecir. No se pueden comprar bendecidas NINGUNA IMAGEN U OBJETO SAGRADO O DE DEVOCIÓN porque se cometería el pecado de SIMONÍA, que es la compra de objetos sagrados.  AVERIGÜEN BIEN, POR FAVOR.

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